Mucho se habla de la manifestación del 15-M de ciudadanos indignados con no se sabe bien quién qué. Bueno, sí que se sabe. Indignados con los políticos y resto de dueños de este país, lo que parece ser un ente de otra raza.

Lo primero que se le viene a uno a la cabeza es por qué siguen ganando los dos partidos mayoritarios, si toda la población piensa que son más el problema que la solución, si tenemos claro quienes son los culpables, ¿por qué siguen teniendo varios millones de borregos votantes? ¿por qué los grandes directivos son admirados y tienen tanta gente alrededor haciéndoles la pelota?

La respuesta es clara, aunque no la queramos ver ni reconocer. La inmensa mayoría de la población española haría lo mismo si tuviera la oportunidad. En un país en el que aprovecharse de los descuidos del prójimo es considerado un género literario, el honesto es tachado de tonto en la calle. Todo es parte del juego, las teleoperadoras intentan estafarte y debes revisar la factura para ver que no te engañan, has de leerte la letra pequeña de cualquier cosa que vayas a firmar, e incluso los parkimetros están puestos para fastidiar al personal. Claro, todos somos unos ladrones menos nosotros. ¿No?.

Pues no. Porque aquí poca gente se libra, aunque todos queramos pensar lo contrario. Si, por ejemplo, te dan más cambio del que deben en un bar, miras hacia otro lado silbando el himno del Real Madrid y te echas todo al bolsillo. Si la gente tiene la oportunidad perfecta de hacer un “simpa”, pocos serán los que no lo hagan.

Pues eso es lo que hacen los poderosos, solo que a mayor escala. Y no lo hacen a mayor escala porque sean los malos de un libro de Neal Stephenson , sino por un motivo mucho más sencillo: Ellos han tenido la oportunidad y tú no.

Así que, antes de criticar a los chorizos que dirigen nuestros destinos, debes hacerte una pregunta: ¿soy yo mejor que ellos?. Si te quedas con el cambio que te dan mal en un bar, si te aprovechas de cualquier descuido para tu beneficio personal, desde luego que no eres mejor que ellos, pedazo de hipócrita. Si estás entre los pocos que no lo hacen ya sabrás que vas a ser considerado tonto toda tu vida, o al menos hasta que emigres, porque a esas alturas ya deberías saber donde vives.

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