Hola sucia rata, ha llegado el momento de escribirte una entrada personalizad. Te conozco desde siempre, y aunque adoptes varios nombres tu actitud no cambia ni cambiará. Ya de crío eras el tocapelotas que todo lo quería saber y todo lo quería controlar, y desde entonces no has cambiado.

Pasó el colegio y llegó la universidad, y adoptaste dos figuras. Eras el profesor inútil que te recomendaba estudiar cosas y hacer trabajos que no tenían ningún sentido, mientras que también eras el que había dejado los estudios y estaba cobrando una pasta y dentro de poco se comería el mundo.

Han pasado los años y te sigo viendo en cada empleo, en cada calle y en cada bar. He de reconocer que has cambiado, ya no eres el tocapelotas que se dedicaba a meterse en la vida de los demás sin motivo aparente. Ahora tienes un objetivo claro, seguro que ya has planeado donde vas a estar dentro de 10 años. Mucho más alto que ahora, con mucho mejor sueldo, o con una mayor empresa si posees tu propio negocio, posiblemente con mucha gente a tus ordenes. Por supuesto, tus hijos o futuros hijos irán a un colegio elitista para no mezclarse con la chusma de la sociedad. Tus objetivos ocupan toda tu miserable vida, incluso cuando estás tratando de relajarte en tu casa, porque sabes que cualquier contratiempo es un handicap en tu carrera por llegar al que quiera que sea tu objetivo, y no te va a dejar dormir. Como mucho podrás desinhibirte cuando veas el fútbol con las pocas personas que todavía te soportan, porque no debes olvidar que toda la gente que has conocido se divide en tres grupos: Estas pocas personas, tus contactos profesionales que son como tú y la larga lista de enemigos que te has creado a base de pisar cabezas.

Pues bien, tengo una noticia. Nunca lograrás tu objetivo, y aunque lo consigas siempre habrá algún problema, algún puesto más alto obviamente dirigido por una persona a la que consideras más incompetente que tú. Tus hijos tampoco van a llegar a nada. O bien van a cumplir ser como tú y te van a odiar hasta el día de tu muerte o se van a ir de casa lo antes posible para no soportarte.

Por último viene mi queja. ¿Tú te crees alguien para darme consejos? ¿Crees poder aconsejarme que me tome más en serio alguna cosa, o que me olvide de alguna otra? Yo no necesito marcarme metas, o tal vez mis metas son tan diferentes a las tuyas que eres incapaz de comprenderlas. Soy feliz con mi vida actual, y dudo que tú puedas decir lo mismo. Entonces, ¿por qué no te callas? Tú has decidido desperdiciar tu vida persiguiendo objetivos que nunca vas a alcanzar, pero los demás no hemos cometido ese error, no nos intentes obligar a hacerlo.

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